domingo, 9 de noviembre de 2008

Nevermind (1991) - Nirvana


La verdad es que me sabe un poco raro tener que decir algo de este disco; un disco tan, tan famoso. Me quedaría en un breve pero contundente comentario: Nirvana editó en 1991 el disco más convulsionante de las últimas décadas. Ahí lo dejaría, e instigaría a todos a que lo oyesen una y otra vez. Pero puesto que tengo el propósito de hablar de toda esta retahíla de discos fuera de serie, lo haré también con este “Nevermind

Nirvana no son, como se dijo en intentos de revistas y programas musicales, los creadores del Grunge, en el caso de que lo admitamos como un movimiento real, algo que yo, personalmente, no hago, aunque sí existiese de alguna manera una conexión, quisieran ellos o no, entre grupos como Nirvana, Pearl Jam o Soundgarden. Dicho movimiento, o como lo quieras llamar, aconteció en el espacio y el tiempo en esos finales de la década de los 80 y principios de la de los 90 y, hoy por hoy, pese a que algunos de los grupos que lo integraron sigan rodando, es algo del pasado y que nunca volverá. Por lo tanto, antes de ellos ya estaban los Melvins, Mudhoney, Mother Love Bone o Green River, grupos de los que bebieron estas bandas. Lo que hizo Nirvana fue llevar, no creo que intencionadamente, toda esa actitud a lo largo del planeta, consiguiendo así tanta popularidad por medio de este Nevermind.

He de decir que Nirvana me gustan mucho, me encantan, siempre ha sido así, pero este disco no me tuvo tan cautivado como otros de los editados en 1991. Sí me pasó más con el “In utero” (1993) que me pilló con una conciencia musical algo más educada y sí me pasó, por supuesto, con la actitud del grupo, con la forma de afrontar la popularidad con tanto desparpajo y con tan poco respeto. Así es como yo quería afrontar mis días de instituto y mis broncas en casa, esa era la actitud. Lo malo es que le pasó lo mismo a tanta gente desencantada, que el movimiento llegó tan lejos como la tele y la moda quisieron.

Musicalmente el "Nevermind" es una bomba, una cantidad de energía contenida en 12+1 brutales temas pero lo que más me gusta de sus cortes es la simplicidad de los mismos: La forma que tienen de llegar tan hondo y hacerte mover la cabeza tan fácilmente con unas premisas tan sencillas: Una batería compuesta de bombo, caja, un par de platos y un timbal y una guitarra y un bajo que tocan prácticamente lo mismo y que en el caso de la guitarra es casi exclusivamente quintas... Ahí está el logro de este disco y la genialidad de sus compositores. Con esto se nace o no, y punto.

He disfrutado de Nirvana durante años y verles en mi televisor y en mis videos me ayudó a pasar con pena y con gloria de una niñez típica y estructurada a una adolescencia frenética y salvaje. Todos mis locos recuerdos de esos años llevan de fondo canciones y flashes de este grupazo. Brindo, pues, por ellos y, cómo no, por este pedazo de álbum.

A destacar:
Buque.

Crítica publicada el 13 de enero de 2009

3 comentarios:

fred dijo...

buen post, Buque. Este debe ser de los discos más legendarios. Además casi veinte años después, sigue rockeando.

DAVID dijo...

Estupendo blog. Hacía tiempo que no me ponia tan nostálgico musicalmente leyendo algo. Y es que, sin duda, fue la mejor época de la música para mí (quizás porque la viví intensamente). Aún hoy espero, sin esperanza, rememorar en los grupos que están en la escena mundial la espectación que tenía cuando escuchaba el lanzamiento de algún disco de Pearl Jam, Soundgarden, Nirvana, Alice in chains, etc.
Es curioso que seamos tan similares en gustos musicales. A mí también me gusta más Superunkown que Badmotorfinger e In Utero que Nevermind (aunque reconozco que éste es un pedazo de disco). Son los Nirvana más primitivos y haciendo lo que de verdad es la idea del grunge que tenía Kurt. Un disco sin orden ni concierto..
Un saludo.

Buque dijo...

Muchas gracias David. El otro día hablaba con un amigo sobre las diferencias entre la década de los 90 y la música actual y no hay comparación. Lo ocurrido en esos años no tiene igual. Esa calidad, esa actitud, esa energía. Debemos sentirnos afortunados por haberla podido vivir y nuestra misión ahora es abrir los ojos a las nuevas generaciones para que no pasen por alto todos esos discos.
¡Un abrazo!