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martes, 29 de diciembre de 2009

Gish (1991) - The Smashing Pumpkins


Descubrí este “Gish” en la estantería de discos de mi tío Rafa, sangre de mi sangre y una de las personas con las que más a gusto me siento. Estaba en el apartado “moderno” dentro de la inmensa discoteca que posee de discos de los años 60 y 70. Allí también descubrí el “Blood Sugar Sex Magik” de RHCP, el “Where you been” de Dinosaur Jr. O el “Nothing Shocking” de Jane's Addiction. Verdaderas joyas de los 90's tratándose de un oyente especializado en la música de 20 años atrás.

Yo ya conocía a Smashing Pumpkins (no entraré en el debate de si se escribe con el “The” delante o sin él, creo que D'Arcy no lo tomará en cuenta) pero no sé muy bien de qué; ¿Paco Pérez Brian en “De 4 a 3”? ¿Leyendo el “Popu”? ¿A través de Fermín? El primer recuerdo que me viene a la cabeza es un día en la piscina en la época en que estábamos dejando entrar en la panda al gran Fermino que se presentó con el “Siamese Dream” (1993) y que me lo dejó. Siento no recordar si ya lo había escuchado o no pero sea como fuere ese disco fue y sigue siendo, sin duda, de los más importantes en mi vida. A partir de ahí Fermín se convirtió en incondicional de los de Chicago y se compraba todo lo que se le ponía a tiro (sus padres le daban más del doble de paga que a mí) disfrutando yo así de todo ello unas semanas después. Así pasó por mis manos el “Pisces Iscariot” (Joya de 1994 que ocupa un importante puesto dentro de la lista de outtakes llegados a mis manos) o el “Vieuphoria” (1994) y así pasé a engrosar la lista de amantes de los Smashing Pumpkins.

Pues bien, en 1991 Corgan dio a luz la opera prima de su banda; y digo Corgan y digo “su banda” porque nuestro amigo se empeñó en grabar él todos los instrumentos menos la batería para “ganar la consistencia que deseaba” iniciándose así un malestar constante presente en el resto de miembros y una fama de tirano sobre Corgan que desembocaría en la disolución de la banda a finales de la década.

Una vez separados y vueltos a juntar, Smashing Pumpkins tienen a día de hoy, finales de 2009, siete discos de los cuales, sin duda, los tres primeros acaparan toda la clase: "Gish" (1991), "Siamese Dream" (1993) y "Mellon Collie And The Infinite Sadness" (1995) Centrándonos en el “Gish” hay que empezar reconociendo la calidad musical y de sonido que ofrece para ser un primer trabajo y hay que responsabilizar de ello al productor, Butch Vig (Sonic Youth, Nirvana) al propio Corgan, gran músico al fin y al cabo cuya meticulosidad arruina bandas pero genera grandes trabajos y, por qué no, a Jimmy Chamberlin, por tener el privilegio de ser el segundo compositor de las canciones y por adornarlas con grandes momentos de percusión demostrando ser así un gran batería. Esta conjunción de elementos desencadenó unos riffs potentes ("I am one", "Tristessa"), unos cambios de ritmo estupendos (Rinhoceros, el final de "Bury me " que salva a la única canción que flaquea un poco) y unas baladas bien bonitas y a la postre muy características de Smashing Pumpkins a lo largo de toda su carrera ("Crush", "Daydream")

En definitiva, que un primer disco puede ser muchas cosas, a saber:
Por ello, ocupe este estupendo “Gish” un lugar en este blog tan cargado de emociones y buenos discos, ocupe un lugar en vuestra discoteca, déjese escuchar por los incrédulos y por los que lo desconocían, vuelva a ser escuchado por los que lo olvidaron y désele el valor que tiene.

A destacar
  • I am one.
  • Las guitarras de Rhinoceros, heterogéneas y terminando en épicas.
  • Toda la percusión.
Crítica publicada el 29 de diciembre de 2009

domingo, 9 de noviembre de 2008

Nevermind (1991) - Nirvana


La verdad es que me sabe un poco raro tener que decir algo de este disco; un disco tan, tan famoso. Me quedaría en un breve pero contundente comentario: Nirvana editó en 1991 el disco más convulsionante de las últimas décadas. Ahí lo dejaría, e instigaría a todos a que lo oyesen una y otra vez. Pero puesto que tengo el propósito de hablar de toda esta retahíla de discos fuera de serie, lo haré también con este “Nevermind”

Nirvana no son, como se dijo en intentos de revistas y programas musicales, los creadores del Grunge, en el caso de que lo admitamos como un movimiento real, algo que yo, personalmente, no hago, aunque sí existiese de alguna manera una conexión, quisieran ellos o no, entre grupos como Nirvana, Pearl Jam o Soundgarden. Dicho movimiento, o como lo quieras llamar, aconteció en el espacio y el tiempo en esos finales de la década de los 80 y principios de la de los 90 y, hoy por hoy, pese a que algunos de los grupos que lo integraron sigan rodando, es algo del pasado y que nunca volverá. Por lo tanto, antes de ellos ya estaban los Melvins, Mudhoney, Mother Love Bone o Green River, grupos de los que bebieron estas bandas. Lo que hizo Nirvana fue llevar, no creo que intencionadamente, toda esa actitud a lo largo del planeta, consiguiendo así tanta popularidad por medio de este Nevermind.

He de decir que Nirvana me gustan mucho, me encantan, siempre ha sido así, pero este disco no me tuvo tan cautivado como otros de los editados en 1991. Sí me pasó más con el “In utero” (1993) que me pilló con una conciencia musical algo más educada y sí me pasó, por supuesto, con la actitud del grupo, con la forma de afrontar la popularidad con tanto desparpajo y con tan poco respeto. Así es como yo quería afrontar mis días de instituto y mis broncas en casa, esa era la actitud. Lo malo es que le pasó lo mismo a tanta gente desencantada, que el movimiento llegó tan lejos como la tele y la moda quisieron.

Musicalmente el "Nevermind" es una bomba, una cantidad de energía contenida en 12+1 brutales temas pero lo que más me gusta de sus cortes es la simplicidad de los mismos: La forma que tienen de llegar tan hondo y hacerte mover la cabeza tan fácilmente con unas premisas tan sencillas: Una batería compuesta de bombo, caja, un par de platos y un timbal y una guitarra y un bajo que tocan prácticamente lo mismo y que en el caso de la guitarra es casi exclusivamente quintas... Ahí está el logro de este disco y la genialidad de sus compositores. Con esto se nace o no, y punto.

He disfrutado de Nirvana durante años y verles en mi televisor y en mis videos me ayudó a pasar con pena y con gloria de una niñez típica y estructurada a una adolescencia frenética y salvaje. Todos mis locos recuerdos de esos años llevan de fondo canciones y flashes de este grupazo. Brindo, pues, por ellos y, cómo no, por este pedazo de álbum.

A destacar:
Buque.

Crítica publicada el 13 de enero de 2009